Si me preguntaran qué recuerdos me llevo de aquí, creo que se me olvidarían un montón, porque la verdad es que han sido muchos para tan poco tiempo. En esta oficina he pasado casi el 50% de mi día a día. Y, eso al final, son un montón de horas y de momentos…
Desde nuestro muro de las vergüenzas, con aquel “que pene me das” y aquellas “mentiras y petrañas” que tan amablemente nos enseñaron nuestros foreros, hasta el robo diario de la silla de Rafa (y su “amos, devuélvemela –brazos en jarras y ceño fruncido”). Del extraño hombrecillo de la mensajería y su p&%$a manía de dejar la puerta abierta en pleno invierno (le odio desde entonces…). De aquella coca-cola olvidada en el congelador que acabó por explotar y dejar la nevera hecha una pena. De los viernes de cine gratis. Del silencio de Dani (y sus refunfuñamientos). Del sonido continuo del teléfono (ñiii!!! que horror!). Del día en que jugamos a las carreras de sillas y un portátil acabó estrepitosamente en el suelo (y sobrevivió). De las miriendas. De las noches de fútbol hasta las mil. Del tupper diario (intercalado con sesiones de sándwich mixto). Del día en que todos se fueron a la comida de Navidad de la empresa y nos agarramos al teclado y a la botella de cava (no íbamos a ser menos…). De esos camareros que piensan que somos maravillosas (y que tienen más razón que un santo). Del conserje de mirada turbia. De las paradas express en el Carreflús. De la lucha por el aire acondicionado (versión “calefacción” en invierno). Del día en que nevó tanto que decidimos trasladar la oficina a mi casa. Del Pijoman que pensó que había causado sensación entre en género femenino (y en realidad le teníamos un asco tremendo). Del aquella mítica “¿extranjero significa ‘fuera de España’?”. De los robos alimenticios continuados (¬¬). De cuando Pili me enganchó a Perdidos y a Death Note (la carne es débil muchachos). De aquellos informes de mensajes pasados y sin pasar que nos hacían no ver el momento de salir de allí. Del chapstick. Del momento “voy a quitarme los zapatos”. De ese portátil que venía de camino (pero que yo creo q lo estaban fabricando artesanalmente…). De mi bolso-doraemon (siempre llevo de todo!). De un montón de sueño y de risas…
Han sido quizás los mejores meses laborales de mi vida. Pese a la presión y el cansancio. Pese a que no era ni de lejos el mejor lugar del mundo. No, no era el mejor lugar. Pero al menos no estaba sola para afrontarlo…

