viernes, abril 18, 2008

No la lieis...!

Ya sé que esto está medio muerto, pero sin ordenador en casa no se puede hacer gran cosa. Qué se le va a hacer...

Mientras tanto y en las eternas horas de atontamiento mortal en el trabajo, he descubierto esta web. Si la vistais, sólo un consejo:

no toqueis en vaso azul! :P

miércoles, abril 09, 2008

Yo también quiero ser un huérfano Baudelaire

La película que vais a ver es extremadamente desagradable. Si deseais ver una película sobre un elfo feliz seguro que aún quedan asientos libres en la sala nº 2. Sin embargo, si os gustan las historias sobre huérfanos inteligentes y atractivos, sospechosos incendios, sanguijuelas carnívoras, comida italiana y organizaciones secretas... quedaos mientras vuelvo sobre cada uno de los desdichados pasos de los niños Baudelaire. Me llamo Lemony Snicket, y me veo en el triste deber de documentar esta relato...


Así comienza una historia extraña, tremendamente desafortunada, pero llena de humor y ternura a la vez. Violet (la gran inventora), Klaus (el empedernido lector) y Sunny (la mordedora), los huérfanos Baudelaire, forman una familia peculiar, un trío de hermanos con unas habilidades poco comunes que pasan de unas manos a otras, de un tutor a otro, a cada cual más extravagante, en busca del hogar que un sospechoso e inesperado incendio les ha arrebatado...

Aunque últimamente el género cinematográfico me está dando grandes satisfacciones, me propongo el crítico objetivo de ahorrar lo suficiente (qué lástima de nomina becaria...) para hacerme con los libros. Porque siempre es mejor leer las lineas de una obra de arte que ver a los personajes en carne y hueso... aunque eso siempre resulta emocionante :P

P.D.: Me encanta Jim Carrey ^^

martes, abril 08, 2008

Qué les voy a contar

Todo lo que van a ver es cierto. Compañeros periodistas, productores, programadores, directores y yo misma somos los protagonistas de las historias que van ustedes a encontrarse, historias que han tenido lugar a lo largo y ancho de todo el panorama televisivo (sólo de la tele burda) de los últimos años y de ahora mismo [...].

Mentimos. A usted, que nos ve desde casa. Y a usted, que viene a la tele a contarnos sus cuitas.

Engañamos. A cientos de personas para conseguir que vengan al programa. O para sacarles una declaración. Los confundimos diciéndoles mentiras redondas y los traicionamos abusando de su confianza.

Ganamos dinero. Unos más que otros. Todo vale para conseguirlo. Aceptamos lo que nunca pensamos que aceptaríamos. Por dinero, sí. ¿Usted no?

Sobornamos. Pagamos a los parias de la tierra si es preciso.

Prometemos. Cosas que no vamos a poder cumplir. A ustedes, a los que van a la tele a contar y a los que los escuchan desde el sofá de casa.

Despreciamos. No nos importa que usted crea o no lo que está viendo. Lo único que queremos es que lo vea. Y que se calle. Y que nos vuelva a ver mañana.

Manipulamos concursos, si hace falta, para que ganen los guapos. O para mantener el ritmo. O para que no se aburran; sobre todo, no se aburran, por favor.

Tergiversamos y editamos afirmaciones para que resulten más acorde a nuestros fines, porque eso es lo que nos han pedido nuestros jefes. En un informativo o en un programa estéril.

Incitamos a nuestros subordinados a que hagan lo mismo. Y si se niegan los despedimos, o en su defecto los ninguneamos. ¿qué pasa?

Trasegamos con los famosos pagando, como saben, cantidades desorbitadas. Y a los nofamosos los podemos convertirlos. Faltaría más.

Llevamos a individuos a la televisión sabiendo que su aparición en la pantalla puede destrozarles la vida; nos reímos de su simpleza y la festejamos con el resto de compañeros. Con solidaridad y buen humor.

Ponemos la lupa en sus miserias y utilizamos nuerstro poder de persuasión, nuestra capacidad para cambiar de registros y nuestro bagaje, a fin de convencerlos de que lo mejor para ellos es que hagan y digan lo que nosotros queremos...

Diseñamos programas zafios sabiendo que lo son, porque consideramos que muchos de ustedes son, simplemente, espectadores analfabetos.

Somos a menudo racistas, clasistas, despóticos, elitistas y crueles. Sin contemplaciones y sin arrepentimientos.

Obedecemos órdenes intolerables.

Provocamos el llanto a veces; inducimos a desvelar secretos, otras.

Decimos que sí cuando debemos decir que no.

Rastreamos lo cutre en los peores lugares para trasladarlo al lugar en el que trabajamos [...].

Conseguimos que los más débiles, los menos privilegiados intelectual, culturalmente, nos llenen horas de emisión.

Estafamos a directivos de televisión (que saben que están siendo estafados) inflando presupuestos de programas que producimos para ganar mucho dinero.

Nosotros, ciudadanos de primera, adscritos a plataforma de pago, hacemos una televisión menor, por debajo de nosotros mismos, y que no vemos (desde luego), para que ustedes, ciudadanos de segunda, que no ven otra cosa (pobres) que la televisión generalista, disfruten. Lo hacemos conscientemente, en pleno uso de nuestras facultades mentales y en el ejercicio de nuestra profesión de periodistas.
"¡Mírame, tonto!"
Mariola Cubells
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No es nada nuevo. La televisión en España es telebasura, y de ese panorama desastroso que llena tantos y tantos momentos en los hogares españoles se salvan unos pocos, contados con los dedos de una mano. No sabe uno si reír o llorar...

...al menos leyendo el libro, te ríes bastante.

martes, abril 01, 2008

Edward

Edward. Eduardo.

¿Qué tiene ese nombre que tanto me persigue?

Me fascina Cullen, porque es perfecto, sin palabras. El demonio que espero algún día encontrar en mi camino; con un tropiezo y un SOS ahogado tras el sonido del motor de un volvo plateado.

Me enternece el Deep de mirada inocente, el abandonado en la misteriosa mansión en lo alto de la colina, de mirada dulcemente triste; porque se siente tan extraño en su mundo como yo en el mío.

Me encanta Speelers, el héroe inesperado de una historia fantástica; porque me encanta soñar despierta e imaginar como sería llegar a la oficina a lomos de una dragona azulada.



Me quedo con todos ellos, porque cada uno representa una locura en las 24 horas que dura mi ensoñador día.

Y creo que por ahí hay un Aldán con jacuzzi de ensueño... pero eso ya es otra historia.

 

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