Ante el peligro que supone ser una empollona sin remedio que se pasa todo el mes de mayo (y de junio) estudiando 22 horas al día en la biblioteca de la facultad, este año he decidido tomarmelo todo con filosofía. Así que, después de plantearme la posibilidad de quedarme este verano en Madrid a currar como uno más de esta estresante (pero bonita) ciudad, pues he desechado toda idea de someterme a una tortura tan cruel para volver a ser SITA MERY. Sí pequeños y pequeñas, vuelvo a dar clases en verano. Aunque, y de esto estoy segura, no habrá año mejor que el pasado: con Ángela y Rebeca contándose cotilleos mientras terminaban los deberes (que por supuesto eran para casa), con Ángel Victor acobardado entre tanta mujer, con las preguntas interminables de Rebeca ("¿y por qué?"), con mis pequeñas parvulitas y sus cuadernos Rubio (qué monaaaaas!!!), con las súplicas para que les dejara salir antes (y una que es un cacho pan, va y les deja...), con los exámenes de lengua (que más de una va a odiar, sobre todo por el comentario de texto), con los madrugones, con las risas, con los nervios en Septiembre, con los exámenes, con los aprobados, con las lágrimas (de felicidad)...
Siempre me quedo con la lección de que, por mucho que lo intente o por muy positiva que sea, algunas cosas son insuperables.
Ánimo pequeñuelos!!!



